Comentarios sobre un artículo de Félix de Azúa

Clemente Polo
Clemente Polo

Comentario de 20 de Diciembre de 2009.

En la sección de Documentos he incluido el artículo “Veloz progreso hacia el pasado” publicado por el Sr. De Azúa en El País el 19 de diciembre 2009. Para tomar la temperatura al actual fervor nacionalista, comienza el Sr. de Azúa narrando una conversación mantenida entre un vizcaíno “huido de la represión política vascongada y que vive en Cataluña” con un amigo imbuido de “un profundo sentimiento nacional” y convencido de que Cataluña alcanzará la independencia en unos seis años. A la pregunta del vizcaíno sobre qué pasará entonces con los españoles residentes en Cataluña, el nacionalista le contesta que dispondrán de veinte años para elegir, esto es, para sentar la cabeza y abrazar la fe nacionalista o ser desposeídos y expulsados como se hizo con judíos y moriscos en España hace unos siglos. Cataluña se acerca a grandes zancadas al pasado más oscuro y tenebroso de nuestra historia. ¿Se instaurarán me pregunto centros de reeducación donde resultará obligatorio cantar “els segadors”, leer a “Martí i Pol”, ser fan del “Barça,” bailar “sardanas” y hacer “castells”?

Félix De Azúa

Con independencia de su veracidad, la anécdota refleja muy bien el clima áspero y xenófobo que se ha ido instalando en Cataluña tras el advenimiento del régimen nacionalista catalán en 1980. Hace ya muchos años que comenzó el éxodo de muchos españoles de Cataluña. Primero, fueron impelidos a salir decenas de miles de díscolos maestros de primaria y profesores de enseñanza secundaria que no se plegaron a satisfacer las exigencias lingüísticas del nacionalismo catalán. Este año, el consejero de Universidades intentó también implantar esos mecanismos de exclusión en el ámbito universitario siguiendo los pasos de la Universidad de Barcelona que desde hace años impide a cualquier profesional español o europeo participar en concursos si no acredita el nivel C de catalán. Asimismo, están vedados a los profesionales españoles acceder a los puestos de trabajo en las administraciones públicas catalanas y en todas las empresas y los medios de comunicación que de ellas dependen. A día de hoy las administraciones catalanas han convertido en papel mojado un concepto clave en la construcción de Europa: la libre circulación de personas.

Los Presidentes González y Aznar no supieron poner coto a las exigencias del nacionalismo catalán pero ha sido, sin duda, durante la primera legislatura del Sr. Rodríguez Zapatero cuando desde el Gobierno y el Parlamento catalanes se lanzó un desafío en toda regla a la Constitución de 1978, aprobando con el apoyo del PSC un proyecto de Estatut absolutamente inconstitucional el 30 de septiembre de 2005. Pues bien ni aquel proyecto ni el texto finalmente aprobado en las Cortes Generales satisfarán definitivamente a los nacionalistas pues, como ya indiqué hace varios años en mi artículo “Estatut y realidad social”, sus exigencias una vez alcanzadas se convierten inmediatamente en una nueva atalaya desde la que librar con mayor ventaja su próxima batalla. Se ahí la importancia de que, el Tribunal Constitucional, ya que no tuvo el valor de hacerlo el PSOE en las Cortes, recorte el Estatut de 2006: para evitar que se sigan conculcando derechos fundamentales de todos los españoles en Cataluña y para marcar claramente a los nacionalistas los límites a sus pretensiones. En otro caso, quedaremos los españoles residentes en Cataluña abandonados a nuestra suerte y al albur de estas masas de camisas cuatrobarradas.

P.D. Resulta inquietante que en el desolador balance del gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero que hace el Sr. De Azúa considere que tan sólo dos leyes pueden “considerarse más o menos progresistas: la que permite el aborto de las adolescentes sin permiso paterno y la que concede el matrimonio a las parejas homosexuales”. Me quedo con ganas de saber por qué.