El día 11 de septiembre el alcalde de Arenys de Munt, uno de los municipios con más renta per cápita de Cataluña, convocó, vulnerando la constitución, marco legal que garantiza un ámbito de convivencia para todos los españoles, un referéndum para preguntar a sus ciudadanos sobre la independencia de Cataluña. Extralimitándose en sus competencias y utilizando fondos públicos para ello, este alcalde, no solo ha creado un gran revuelo mediático, sino que ha incurrido en varios delitos, planteando así un pulso al propio estado de derecho.

Esto, sumado a otros hechos transmitidos a toda España por los medios de comunicación, como la quema de banderas españolas por encapuchados en las ramblas de Barcelona, las declaraciones de políticos, el presidente del Barça y algunos periodistas, crean en el resto de ciudadanos españoles sentimientos de odio y de rechazo a todo lo catalán; un sentimiento, que a su vez, es utilizado hábilmente por el movimiento independentista como argumento para su causa; formándose así un circulo vicioso perfecto de odio y rechazo mutuo.
La raíz de todo este movimiento independentista no hay que buscarlos los ciudadanos de España o Cataluña, sino en la clase política. La clave está al principio del texto “Arenys de Munt, uno de los municipios con más renta per cápita de Cataluña”.
Las personas que ostentan el poder en Cataluña han sabido disfrazar muy bien y durante muchos años, cual es la auténtica motivación que les lleva ha hacer todo esto. Al contrario de lo que pretenden que veamos, no es la independencia o la autodeterminación de Cataluña, sino alcanzar el poder y el dinero del pueblo catalán sin intromisiones de otros.
Cegados en su empeño por conseguir este objetivo tan egoísta y despreciable, no se están dando cuenta de las consecuencias catastróficas de sus actos, que en gran medida afectarán, precisamente, al pueblo que pretenden hacer suyo.
Dicen que Dios castiga a los pecadores haciendo realidad sus sueños. Aunque yo no creo que exista un Dios vengador y que los hombres se buscan sus propios castigos, esto puede ser una realidad.
El buen pueblo catalán, que en su inmensa mayoría, lo único que deseaba era vivir en paz, se levantaría un buen día por la mañana fuera de la unión europea y rechazado por el resto de españoles. Como es normal, nos considerarían a los catalanes como hermanos traidores. Las empresas con capital español abandonarían rápidamente el nuevo estado, dejando tras de sí paro, ruina y hambre. Otras empresas multinacionales también abandonaban sus inversiones por la falta de mercado y seguridad jurídica; ya no hablemos de los bancos. Pero lo peor, es que miles, quizás millones, de ciudadanos que no comulgarían con el nuevo estado de las cosas, y que no estarían dispuestos mancharse las manos de sangre por defender lo que un día fue suyo, abandonarían Cataluña en oleadas; buscarían otros lugares en que nos les obligasen a ser lo que no quieren ser.
Es muy posible, que otros que si estuvieran dispuestos a utilizar la violencia, provocasen altercados y manifestaciones, por lo que es muy posible también, que esa misma mañana se escuchasen los primeros tiros y apareciesen los primeros muertos en las aceras.
Como consecuencia de la perdida de control de la situación, el nuevo gobierno de la recién creada nación catalana, no tardaría en caer en una dictadura totalitaria, ganándose así el rechazo internacional con todo lo que conlleva.
El que fue prospero pueblo catalán pasaría ha convertirse en un estado tercermundista y arruinado, sin dinero para pagar la sanidad pública o los servicios básicos. Pero los políticos promotores de este desastre habrían conseguido lo que querían, tener el poder absoluto.
Si bien este escenario es apocalíptico, podría serlo aun más, si vascos y gallegos siguiesen los pasos de Cataluña, pues ya sabemos que pasó en otras ocasiones. Aunque puede que no pase nada de esto, y el proceso fuese pacífico, el riesgo a asumir es tan alto, que si esto fuera una inversión en bolsa todo el mundo querría deshacerse de las acciones. Solo hay que echar una mirada a los libros de historia para saber lo que pasa en este tipo de situaciones.
Y todo ese riesgo por la avaricia sin limites de una gente que no ha dudado en engañar a su pueblo, para conseguir sus fines, que han promovido el odio en el colegio, manipulando los hechos de la historia para ajustarla a su idea de nación, que han manipulado a los niños desde muy pequeños para prepara a un ejercito de seguidores sin criterio propio.
¿Realmente merece luchar por las ambiciones de unos pocos?
Durante siglos hemos convivido en paz y siempre ha habido algo que nos ha unido, y siempre han sido cosas más importantes que la identidad. El idioma o la cultura, nunca han sido para la ciudadanía, en general, un obstáculo para el entendimiento; salvo cuando se ha pretendido utilizar esta diferencia como un arma. Al contrario de lo que se cree en el resto de España, el idioma y la cultura no es un problema en Cataluña, como nos pretenden hacer ver; Es algo que enriquece a ambos pueblos.
El problema surge cuando se impone la cultura y el idioma, cuando se multa por no rotular en catalán, cuando se priva el derecho de los padres de elegir la educación de sus hijos, cuando se manipula la educación para conseguir adeptos o cuando se vulneran las leyes y no pasa nada; entonces surgen los problemas. Nace el radicalismo, la aversión, el odio y los conflictos, todo ello propiciado por una clase política dispuesta a todo por conseguir el poder.
Parte de este maravilloso pueblo ha sido engañado y conducido hábilmente para segur las ensoñaciones de esta clase política de mediocres, convencidos de que están defendiendo su cultura y su idioma, cuando lo que en realidad están haciendo es cargándose de su odio. Mientras, El resto del pueblo y los medios de comunicación españoles, también manipulados, contestan a esta provocación sin saber que con ello contribuyen ha hacer realidad los planes maquinados por los políticos. Y todos ellos, ciudadanos de un territorio condenado a convivir, contemplan como los problemas reales de la gente no se resuelven, como el paro crece cada día, como se despilfarra el dinero de sus impuestos con una gestión nefasta; pero todo eso no importa, solo importa la identidad, de donde eres, donde has nacido, como si no fuésemos todos iguales y con los mismos derechos.

Para añadir al tema
La verdadera historia del 11 de septiembre de 1714
Alrededor del 11-S, los nacionalistas han construido una gran mentira, un mito. Muchas personas no celebramos la Diada ya que no queremos ayudar con nuestra participación a perpetuar una vulgar mentira.
La construcción de una gran mentira.
Desde 1980 cada 11 de septiembre se celebra la Diada de Cataluña. Con ella se conmemora y recuerda la rendición de Barcelona a las tropas borbónicas al mando del Duque de Berwick durante el transcurso de la Guerra de Sucesión Española el 11 de septiembre de 1714. Pero ya antes, a finales del siglo XIX, esta fecha era conmemorada por un incipiente nacionalismo político catalán que le daba una lectura alejada de la realidad histórica, utilizándola para justificar su proyecto político. Así, de lo histórico pasaron a lo místico, y de la realidad a la ficción. Una de sus liturgias rituales fue realizar una ofrenda floral conmemorativa al conseller en cap Rafael Casanova, presentándolo como mártir de la caída de Barcelona cuando en realidad había muerto veintinueve años más tarde (en 1743) en su domicilio en Sant Boi tras recibir el perdón real. Esta manipulación la historia se ha prolongado hasta nuestros días convirtiéndose en una descarada mentira al servicio de la “construcción nacional”.
Por ello en muchas personas no celebramos la Diada ya que no queremos ayudar con nuestra participación a perpetuar una vulgar mentira. La manipulación que han llevado a cabo los independentistas del significado histórico del 11 de septiembre de 1714 convierte la conmemoración de este día en la diada nacionalista de Cataluña y no en la fiesta cívica de todos los ciudadanos catalanes.
La elección del 11 de septiembre como la fiesta “nacional” de Cataluña fue una muestra más del carácter beligerante y naíf del nacionalismo catalán. Escoger el día de la derrota de una supuesta Catalunya independiente significa que no se acepta el fin de las hostilidades, que la lucha continua y continuará hasta que esta imaginaria Cataluña vuelva a renacer de sus cenizas. Para ellos, la guerra sólo acabará con la derrota de esos descendientes políticos de los soldados borbónicos que asediaron Barcelona en 1714. Celebrar el 11-S sólo tiene una lectura: aquello se cerró en falso, la partida no ha terminado.
Irónicamente fueron las autoridades catalanas las que traicionaron los pactos firmados con Felipe V, aliándose con una potencia enemiga, Inglaterra, trayendo la Guerra y la destrucción a Cataluña. Una oligarquía arrogante, provinciana, ambiciosa e ignorante entró en guerra jugándose lo que más preciaban, sus constituciones, por supuestas ventajas comerciales y territoriales. Entraron en guerra sin ejército, dejando que fueran los aliados quienes pusieran la carne de cañón, y los catalanes su hacienda y su honra. Cataluña fue saqueada por ejércitos de media Europa durante 10 años porque sus políticos decidieron convertirla en un campo de batalla con la esperanza de recoger las migajas de la victoria que los aliados quisieran arrojarles. El resultado fue el 11 de septiembre, el acto final de la locura de una clase política que empujó a su pueblo a sucumbir en una carnicería que acabó con la vida de 16.000 personas entre los dos bandos con la falsa esperanza de la victoria imposible que enmendaría su error. ¿Ese tremendo error ha de ser el día de fiesta de los catalanes?
La mayoría de los catalanes no se sienten identificados con esa celebración nacionalista y decide celebrarlo disfrutando de los últimos días del verano. Sin embargo, en muchas personas creemos que esta pasividad da alas a las ambiciones y manipulaciones nacionalistas. Su mentira no puede convertirse en verdad solo por ser repetida por los iluminados habituales abrigados al amparo de la indiferencia y el hastío que provoca en la ciudadanía esta celebración. No aceptamos que la manipulación nacionalista del pasado deba ser jaleada y apoyada por una ciudadanía democrática y libre.
Digámoslo en voz alta: las reiteradas querellas del pasado sólo sirven a quienes las utilizan como coartada para reclamar beneficios políticos en el presente, desviando la atención de los problemas reales de los ciudadanos. Para los nacionalistas, la historia sirve únicamente como instrumento político de adoctrinamiento y manipulación. Más ahora que se ha aprobado la nueva Ley de Educación de Cataluña.
11 de septiembre de 1714: ¿sabías que…?
1) El 11 de septiembre se conmemora la rendición de la ciudad de Barcelona en 1714 a las tropas borbónicas, en una de las acciones bélicas de la Guerra de Sucesión Española. La guerra no fue de secesión, como los nacionalistas venden, sino de sucesión. En dicho guerra dos pretendientes se jugaban el acceso al trono de la Corona de España tras la muerte sin descendencia del Rey de España Carlos II: por un lado Felipe D’Anjou, francés, y por otro el Archiduque Carlos de Habsburgo, austriaco, en lo que fue una auténtica guerra europea. Es decir, ésta fue una guerra civil española entre partidarios de dos pretendientes a suceder en la corona de España a un rey muerto sin descendencia.
2) Felipe V reinó sin oposición interna entre 1700 y 1705. Tras ser coronado, se desplazó a Barcelona donde residió 6 meses, jurando el 4 de octubre de 1701sus leyes y constituciones, otorgando nuevos privilegios a las instituciones catalanas, los más generosos en 100 años.
3) Fueron Antoni Peguera y Domènec Parera, en representación de la Diputación de Barcelona, quienes rompieron los pactos institucionales unilateralmente y declararon la guerra. Los gobernantes catalanes pactaron en secreto con Inglaterra declarando la guerra a Felipe D’Anjou, dejando entrar tropas extranjeras en el Principado y anulando los pactos constitucionales. En el pacto de Génova, según el cual Cataluña entraba en guerra junto a los aliados, se indica hasta en ocho ocasiones que el objetivo es que Carlos III de Austria se convierta en rey de TODOS los dominios que entonces conformaban España.
4) La facción en Cataluña favorable al pretendiente Carlos no partió de una rebelión espontánea ni popular. En realidad, expresaba los intereses políticos de la clase dirigente barcelonesa que quería potenciar su presencia comercial en América, de tal forma que sus privilegios forales no estaban en juego, ya que el pretendiente Borbón en ningún momento los cuestionó.
5) Los seguidores de Carlos de Habsburgo en Cataluña defendían la unidad de España. Trataban de imponer su candidato al conjunto de todo el país recelosos de la influencia francesa; lejos, pues, de cualquier aspiración secesionista o desmembradora. Los soldados que fueron derrotados el 11 de septiembre de 1714 frente a las tropas de Felipe V estaban mandados por el general Antonio de Villarroel, que en su última arenga les recordó: “estáis luchando por nosotros y por toda la nación española”.
6) El denominado decreto de Nueva Planta, llamada en realidad Cédula Real de Nueva Planta de la Real Audiencia del Principado de Cataluña, organizaba las instituciones judiciales en Cataluña, respetando las Constituciones y prácticas previas, estableciendo que los letrados fuesen expertos en legislación y lengua catalana. Fijaba el castellano meramente como lengua jurídica y eliminaba los privilegios por nacimiento en un territorio determinado.
7) El final de la guerra supuso el final de tres siglos de decadencia de Cataluña y el inicio de su resurgimiento económico. El siglo XVIII, lejos de ser un periodo de declive en Cataluña, resultó ser una etapa de particular esplendor y auge demográfico, agrícola, comercial e industrial, beneficiado por el proteccionismo de la Corona.
8) Rafael Casanova El día del asalto final de las tropas borbónicas, Casanova estaba durmiendo y tras ser avisado se presentó en la muralla con el estandarte de Santa Eulalia para dar ánimos a los defensores. Herido de poca gravedad por una bala en el muslo. Casanova fue trasladado al colegio de la Merced donde se le practicó una primera cura. Tras caer la ciudad en manos de las fuerzas borbónicas, quemó los archivos, se hizo pasar por muerto y delegó la rendición en otro consejero. Huyó de la ciudad disfrazado de fraile y se escondió en una finca de su hijo en Sant Boi de Llobregat. En 1719 fue amnistiado y volvió a ejercer como abogado hasta retirarse en 1737. Murió en Sant Boi de Llobregat en el año 1743. Treinta y dos años después de la rendición de Barcelona. Un verdadero “héroe”no fue un mártir.
La verdadera historia del 11 de septiembre
Los catalanes que intentamos mantener la dignidad y la honradez intelectual, los que creemos que la nación es un conjunto de leyes que nos iguala a todos en derechos y deberes, los que no estamos dispuestos a inventarnos el pasado, también conmemoramos el 11 de septiembre. Pero por distintos motivos.
Conmemoramos que el 11 de septiembre de 1714:
1. Los catalanes se levantaron en armas en nombre de España para defender la libertad de todos los españoles.
2. No hubo enfrentamiento entre regiones.
3. No hubo el menor asomo de cantonalismo, ni intento de segregación de ningún género.
4. Ningún ejército español (o castellano) tomó Barcelona.
5. Los vencedores no intentaron destruir una supuesta “identidad nacional catalana”.
6. No se prohibió la lengua catalana.
7. No despertó la menor reacción “nacional” catalana como respuesta a una inexistente agresión españolista.
8. Supuso el fin de una estructura estatal arcaica y el inicio del despegue económico de Cataluña.
9. No convirtió en mártir a nadie.
Los catalanes se levantaron en armas en nombre de España
Los habitantes de algunas ciudades catalanas se levantaron en armas contra una oligarquía comercial barcelonesa que imponía sus intereses y en nombre de la libertad de España y de todos los españoles. Ferrán Soldevila, historiador nacionalista catalán:
“Hasta el último momento de la lucha los objetivos habían sido los que se hacían constar en el documento dirigido al pueblo: salvar la libertad del Principado y de toda España; evitar la esclavitud que espera a los catalanes y al resto de españoles bajo el dominio francés; derramar la sangre gloriosamente por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España” (F. Soldevila, Moments crucials de la Història de Catalunya).
¿Por qué los nacionalistas de hoy han tergiversado los hechos que los nacionalistas de ayer reconocían como ciertos? ¿Por qué historiadores radicalmente nacionalistas como Soldevila coinciden en su explicación de los hechos de 1714 con historiadores no nacionalistas, mientras hoy difieren totalmente e inventan unos hechos que no sucedieron?
No hubo enfrentamiento entre regiones
Al revés de lo que inventan hoy los nacionalistas, la guerra de Secesión no supuso el enfrentamiento entre Cataluña- Austria y España (o Castilla)-Francia. Ciudades y comarcas pertenecientes al antiguo reino de Aragón como Castellón, Alicante, el valle de Arán, el interior de las provincias de Barcelona y Valencia, Calatayud o Tarazona, fueron partidarias de Felipe V, el rey Borbón. Y lugares como Madrid, Alcalá o Toledo se declararon fieles al aspirante austriaco, el archiduque Carlos. El enfrentamiento interterritorial de 1714 es otra patraña más inventada por el nacionalismo para negar el carácter de guerra civil que tuvo aquella sucesión al trono.
Ningún ejército español tomó Barcelona
Las fuerzas que integraban el ejército de Felipe V estaban formadas por soldados procedentes de varias regiones españolas y aun de países europeos. De él formaban parte varios miles de soldados nacidos en Cataluña. En cuanto al bando supuestamente catalán, los soldados que se enfrentaron a Felipe V y fueron derrotados el 11 de septiembre de 1714 estaban mandados por un general, Antonio de Villarroel, que en su última arenga recordó a las fuerzas bajo sus órdenes que estaban luchando “por nosotros y por toda la nación española”.
Los vencedores no destruyeron la identidad nacional de nadie
El fin del arcaico sistema foral que había estado vigente hasta 1714 fue abolido sin que en tal medida existiera la menor voluntad de acabar con una “identidad nacional” que solo se inventaría doscientos años después con personajes como Prat de la Riba. Es otra muestra más de supina ignorancia histórica, cuando no de mala fe y de manipulación, sostener que semejantes argumentos podían encajar en la mentalidad y las estructuras políticas y jurídicas del siglo XVIII.
Felipe V juró en 1702 fidelidad a las leyes de Cataluña, cosa que no siempre habían hecho sus predecesores. Pero los sublevados de 1714 cometieron un delito de lesa majestad. Habían traicionado su juramento de fidelidad y eran culpables del peor de los pecados políticos de la época. No hay aquí relación jurídica entre estados (solo existía uno) sino una traición a la lealtad debida expresada a través de compromisos personales y colectivos con la dinastía. De modo que los privilegios de las zonas derrotadas fueron abolidos como castigo a la traición dinástica, en modo alguno como procedimiento para destruir una nación que no existía.
Nadie persiguió la lengua catalana
Los decretos de Nueva Planta, a través de los cuales se articuló el Estado adaptándolo a los mismos criterios modernizadores que se estaban aplicando en otros países y que se consideraban esenciales para organizar con mayor eficacia el único país que existía, es decir, España, en ningún momento prohibieron el uso de la lengua catalana. Los nacionalistas no pueden mencionar ni una sola línea de aquel texto en que se prohiba el uso del catalán. Por la sencilla razón de que no era esa la intención de los decretos. Además el catalán no se utilizaba en la documentación administrativa, jurídica, etc., de las instituciones catalanas. La lengua de la administración, en Cataluña como en toda España, era el latín. Mal podía pues prohibirse el catalán.
Lo único que legislan en este sentido los decretos de Nueva Planta es que los documentos de la Audiencia de Barcelona debían abandonar el latín para usar el castellano. Y esa norma se adoptó en toda España. Se puede argumentar que fue una medida injusta. Pero eso también será falsear la realidad porque supone juzgar con criterios actuales los códigos que regían hace 300 años.
No hubo una reacción “nacional” catalana porque no hubo agresión españolista
Tras el 11 de septiembre de 1714 nadie en Cataluña lamentó los hechos en el sentido en que se plantea hoy. No hubo una reacción de carácter nacionalista, catalanista, frente a la toma de Barcelona. No existe un solo documento, del tipo que sea, que recoja la queja de un pueblo agredido, de una nación vejada y sometida, o la lamentación por la supuesta prohibición del catalán. Resulta un poco extraño.
Si 1714 fue una derrota de la “nación” catalana frente a España, ¿por qué ningún contemporáneo lo proclama? ¿Tal vez el miedo, la represión? Pero tampoco lo proclaman los hijos de los derrotados. Ni sus nietos. Durante 150 años nadie se queja del episodio del 11 de septiembre. De hecho no existe la menor protesta hasta que llegan los inventores del nacionalismo, a finales del siglo XIX. La fiesta del 11 de septiembre no se establece hasta 1901, es decir, cuando cuatro extraviados que defienden los intereses económicos de las clases dirigentes catalanas se han inventado ya lo de que Cataluña es una nación. ¿Dos siglos sin sentirse agraviados como nación? ¿No será que no hubo agresión nacional?
1714 supuso el despegue económico de Cataluña
Con el desmantelamiento de los últimos residuos feudalizantes de la arcaica sociedad española de la época gracias a leyes importadas de Europa como los decretos de Nueva Planta, la economía catalana quedó lista para iniciar su despegue y pudo convertir el Principado en la región más próspera de España. Las medidas políticas del rey Borbón sentaron las bases del desarrollo económico catalán de los siglos XVIII y XIX. Sin el fin de los arcaicos privilegios de la monarquía austriaca tanto en Cataluña, como en el País Vasco, como en el resto del país, España hubiera permanecido anclada quién sabe cuánto tiempo más en el pasado.
No hubo mártires en 1714
La represión que siguió a la toma de Barcelona fue del mismo tipo y alcanzó la misma intensidad que la desatada en cualquier otro episodio de guerra civil, con independencia de la región que lo viviera. La brutalidad de las represalias resulta espantosa contemplada desde nuestro actual punto de vista, pero no fue más sanguinaria por estar dirigida a los sublevados de Barcelona.
Ni siquiera su supuesto líder, Rafael Casanova, se comportó como el héroe y mártir que hoy nos presenta el nacionalismo. Casanova, que no quería resistir frente al ejército de Felipe V sino negociar la entrada de las tropas en la ciudad, no mostró el menor ardor patriótico y falsificó el certificado de su propia defunción para huir de la ciudad disfrazado de fraile. Se instaló a pocos kilómetros, en Sant Boi de Llobregat, y ejerció tranquilamente su profesión de abogado. No perdió ninguno de sus bienes y a los pocos años fue perdonado públicamente por el rey Felipe V.
Este es el héroe de la sin igual resistencia frente al ejército invasor castellano que acabó con la independencia de Cataluña tal día como hoy, 11 de septiembre, en 1714. Esta es la historia que se han inventado los nacionalistas que hoy se reúnen en Barcelona para conmemorar una patraña de este calibre.
Pues bien, los catalanes que no hemos perdido la dignidad también conmemoramos el 11 de septiembre. Celebramos que todo lo que nos contaron era mentira. Nos regocijamos al comprobar que nos hemos podido librar de la losa del pensamiento único nacionalista, falsificador y mentiroso, para descubrir que los hechos que de verdad sucedieron tenían que ver con los intereses económicos de la oligarquía comercial de la época y no con los intereses de la mayoría de la población, mucho menos con una suerte de guerra interterritorial.