Silvia Hierro
19.05.2008
Hoy es complicad铆simo dibujar la l铆nea que separa la socialdemocracia o socialismo democr谩tico con las ideolog铆as liberales progresistas que han aceptado sin rubor los avances de la sociedad civil, laica y democr谩tica.
El liberalismo naci贸 a finales del siglo 18 como una ideolog铆a peque帽o burguesa y liberadora, liberadora de las ideas retrogradas procedentes fundamentalmente de las clases mas conservadoras vinculadas a la iglesia cat贸lica europea que pretend铆an imponer desde el poder la moral cat贸lica y el pensamiento 煤nico en la vida y en la cultura.
El problema surge cuando esas ideas de libertad de pensamiento y de acci贸n se llevan al terreno econ贸mico con la pretensi贸n de que la libertad econ贸mica tenia que eliminar en lo posible la protecci贸n estatal de los individuos m谩s desfavorecidos ya que se trataba en definitiva de reducir pr谩cticamente la acci贸n del Estado a la seguridad interna (polic铆a) y a la defensa exterior (ejercito) favoreciendo as铆 la libertad de los agentes econ贸micos para el ejercicio del comercio y la industria.
Posteriormente consecuencia de las crisis econ贸micas provocadas precisamente por el liberalismo, se instala la idea de que la soluci贸n esta en una fuerte intervenci贸n estatal a trav茅s de un sistema fiscal redistributivo progresivo (socialdemocracia) que garantizaba la prestaci贸n de servicios b谩sicos a toda la poblaci贸n con independencia de sus recursos econ贸micos dentro de un sistema de mercado.
La aplicaci贸n de las teor铆as Keinesianas supuso la incorporaci贸n de los trabajadores al mercado de bienes de consumo y gener贸 grandes masas de consumidores que posibilitaron la creaci贸n de grandes corporaciones productoras de los citados bienes a precios aceptables para las clases medias y medias bajas.
Este sistema as铆 mismo demostr贸 en el siglo pasado (siglo 20) que se pod铆a llegar a niveles de bienestar insospechados y conseguir simult谩neamente adem谩s de un funcionamiento adecuado de la econom铆a de mercado la existencia de una sociedad democr谩tica.
En el siglo 21 se platean nuevos retos a la Europa del bienestar fundamentalmente a ra铆z del alza de los precios de las materias primas y de la internacionalizaci贸n de la econom铆a que est谩 llevando a las deslocalizaciones de empresas hacia lugares con menores niveles de protecci贸n social para conseguir reducciones de los precios de mano de obra y aumentar as铆 la rentabilidad de las inversiones. Estamos por consiguiente asistiendo a una profunda revisi贸n de los principios que sustentaron el Estado del bienestar y en consecuencia de los principios del socialismo democr谩tico.
El socialismo democr谩tico debe seguir defendiendo sin ning煤n tipo de complejos la universalidad de determinados servicios b谩sicos como la ense帽anza, la sanidad, las pensiones y el resto de los servicios de protecci贸n b谩sica de los ciudadanos, pero tambi茅n desde el punto de vista social debe exigir la regeneraci贸n democr谩tica, el control del gasto publico, la lucha sin cuartel contra la corrupci贸n, la mejor universalizaci贸n y gratuidad de la justicia, la lucha contra la discriminaci贸n, el racismo y la xenofobia, la ayuda al desarrollo del tercer mundo y el cuidado y la protecci贸n del medio ambiente, todo ello compaginado con una pol铆tica econ贸mica que no desincentive las inversiones empresariales y que facilite la creaci贸n de empresas y de riqueza y la conservaci贸n del empleo.
Ese es el gran reto y en la consecuci贸n de ese reto seguro que la izquierda moderna converger谩 con los elementos mas progresistas del liberalismo moderno y es ah铆 donde se han de crear espacios de colaboraci贸n a trav茅s de la transversalidad y de la cooperaci贸n, pero para ello la izquierda moderna se ha de liberar de una gran parte de la demagogia de su propio discurso que puede ser rentable a nivel electoral pero resulta en ocasiones trasnochado, excluyente y desde luego poco democr谩tico. No se pueden seguir explotando los viejos fantasmas del estalinismo que justifico todas sus perversidades mediante la demonizaci贸n permanente del adversario, no se puede seguir escatimando la participaci贸n de los ciudadanos en asuntos que les conciernen directamente con la vieja excusa de 鈥渧贸tame a mi para que no gane el enemigo, el malvado el facha鈥 y darle a ese voto un valor incondicional e inquebrantable.
Es urgente que la izquierda moderna y los liberales progresistas se comprometan juntos en la regeneraci贸n democr谩tica a trav茅s de una revoluci贸n en el funcionamiento de los partidos tradicionales incentivando y liderando la participaci贸n y la critica de los ciudadanos militantes, simpatizantes y votantes. Hay que abrir las puertas y las ventanas de los partidos (de todos) y acabar con el oscurantismo, el clientelismo, el sectarismo y el funcionamiento cuartelario.
Los nuevos partidos del siglo 21 deben hacer bandera de esa convergencia de la izquierda moderna y del liberalismo mas progresista porque su finalidad ha de ser la de abanderar la defensa a ultranza de derechos b谩sicos de los ciudadanos como la igualdad y la libertad pero tambi茅n la lucha por una sociedad nueva m谩s tolerante, m谩s abierta, m谩s justa y m谩s prospera, que garantice el bienestar de los ciudadanos y que premie las iniciativas privadas y el trabajo, sin esa bandera un nuevo partido no tendr铆a ninguna raz贸n de ser.
