Clemente Polo
08 marzo 2008 
Un par de días antes de que acabara abruptamente la campaña electoral del 9M a causa del atroz atentado de ETA que segó la vida del ciudadano Isaías Carrasco, el Sr. Duran (i Lleida) se descolgaba con unas declaraciones dignas de ser enmarcadas y recordadas por los siglos de los siglos: “PP y PSOE alientan el independentismo”. A pesar de declaraciones como estas, el Sr. Duran i Lleida tiene fama ganada entre algunos periodistas de Madrid que ignoran la realidad catalana de ser un nacionalista moderado, continuador del Honorable Pujol, contrapunto cordial y sensato a otros líderes de CiU, más jóvenes, que como el actual portavoz de la formación han descubierto recientemente que en el cerebro de todo buen nacionalista hay siempre alguna neurona independentista.
Por su parte, el bueno de Duran ha hecho lo posible por cultivar esa aureola. De tanto en tanto, ha manifestado su deseo de que el catalanismo político tenga un representante –él, por ejemplo- en el Gobierno de España. Hace unos meses llegó a expresar incluso sus preferencias personales sobre el tema y declaró que “si algún día Cataluña debe tener un Ministerio, este debe ser el de Fomento.” (El País, 8 noviembre 2008) También se ha atrevido el Sr. Duran a disentir de la doctrina oficial de CiU, descartando, en más de una ocasión, por inviable, la independencia de Cataluña. Y aunque asistió, junto con el resto de líderes de la coalición nacionalista, a la manifestación del pasado 1 de diciembre en Barcelona convocada por los nacionalistas para reclamar la independencia de Cataluña, con el pretexto de denunciar la gestión ferroviaria de cercanías, pronto se apresuró a aclarar que “no todos los asistentes a la manifestación estaban en favor de la independencia.” Pocos días después (El País, 5 diciembre 2007), reafirmaba su postura en el Círculo Ecuestre de Barcelona ante un selecto auditorio, presentándose como “la cara más sensata, equilibrada, central y moderada de CiU frente a ciertas veleidades segregacionistas”.
No le ha durado mucho al Sr. Duran su discurso integrador y conciliador hacia España. Le ocurre posiblemente lo mismo que a Rajoy en el PP: que la presión del entorno que les rodea acaba arrumbando sus buenas intenciones y propósitos. Ya a finales de enero, el Sr. Mas, Secretario General de CiU desvelaba que los nacionalistas aspiraban, nada más y nada menos, que a “dirigir la política económica”, pero que para hacerlo no hacía falta “un Ministerio para el democristiano Duran” porque “se puede influir sin estar en el Consejo de Ministros”. (El País, 23 de enero 2008.)
Pocos días después, irrumpía el viejo elefante en la cacharrería y completaba el estropicio, poniendo una vez más al diputado convergente en su sitio: “las cosas no van bien en la relación de España y Cataluña”, advertía el Honorable Sr. Pujol, descartando no sólo la hipotética participación del Sr. Duran en el Gobierno español, sino incluso la posibilidad de alcanzar un “acuerdo duradero” con el PSOE. Haciendo gala de su proverbial moderación, el Sr. Pujol se mostraba contrario a cualquier pacto con el PP tras las elecciones del 9M y manifestaba su voluntad de cerrar “día a día y [partiendo] en cada ocasión desde cero” los acuerdos con el PSOE, porque sólo se puede pactar con ellos “si pagan por adelantado.” (El País, 7 de febrero 2008)
Al día siguiente, con un dejo de sarcasmo en sus palabras, el Presidente Rodríguez Zapatero pedía “a CiU que no sea tan táctico y diga si quiere estar o no en el Gobierno de España”, envite al que el Sr. Duran, ya en plena retirada, respondía con estas palabras vacías: “Sí, Sr. Zapatero, estamos dispuestos a gobernar España, siempre y cuando se respete a Cataluña, cosa que hasta ahora no se ha hecho.” ¡Tres hurras por Duran el bueno! ¡Con lo fácil que habría sido llegar a un acuerdo si Rodríguez Zapatero hubiera aceptado que la Generalitat recaudara todos los impuestos en Cataluña; estableciera un concierto económico similar al cupo vasco; desarrollara sus propias políticas de inmigración y seguridad; tuviera embajadas y selecciones nacionales; y contara con una administración de justicia independiente! Cumplidas estas condiciones y algunas otras más de menor entidad, no tengan ninguna duda de que el Sr. Mas y el Honorable anciano que guía su personal odisea hacia Itaca habrían estado encantados de que el Sr. Duran entrara en el Gobierno de España.
Ante la actitud reacia de los líderes de la coalición nacionalista, el Sr. Duran, como viejo cristiano que es, ha preferido seguir el lema de San Ignacio de “no hacer mudanza en tiempo de tribulación”, y con una pirueta tramposa ha responsabilizado al PSOE y al PP de la deriva independentista de Cataluña. La vaciedad de sus razones queda patente en estas patéticas palabras que profirió hace unos días para encubrir las verdaderas razones de su retirada: “a partir de la autoridad que me confiere haber defendido que el catalanismo político debe implicarse desde el Gobierno en la gobernabilidad del Estado, reconozco que la situación política será muy difícil en los próximos cuatro años”. (El País, 28 de febrero de 2008).
Al fin y al cabo, se habrá dicho el Sr. Duran i Lleida, ¿para qué complicarme la vida cambiando la placidez de los “escaños granate del Congreso por unos seguramente más convulsos de color azul –los del Gobierno- en caso de agravarse la situación económica en los próximos meses”? De momento y en tanto España no rectifique, CiU ha vuelto a las andadas y ha cifrado en 5.208 millones de euros lo que le costará “a José Luís Rodríguez Zapatero contar con los votos de los diputados nacionalistas si los necesita en la sesión de investidura.” (El País, 16 de febrero de 2008).
Ha sido harto curioso y decepcionante seguir la evolución del moderado Sr. Duran en los últimos meses. Tras postularse como adalid de la participación de CiU en el Gobierno de España, ha acabado el diputado catalán en pocas semanas aceptando la más pura ortodoxia convergente –¿Con España? Negocios y nada más- y una vez perdidos los papeles ha claudicado, achacando al PP y al PSOE alentar el independentismo en Cataluña, cuando él sabe muy bien que son sus compañeros de CiU los que alientan y fomentan cada día “las veleidades segregacionistas” desde sus privilegiadas neuronas.
Pero, ¿por qué tanta resistencia de los convergentes a participar en el Gobierno de España? El sagaz capitán que ha guiado la nave convergente en las últimas décadas, sabe perfectamente que participar en el Gobierno español implica aceptar que Cataluña es parte de España, y ese paso resulta incongruente con la aspiración nacionalista de trasformar el triángulo catalán en una suerte de Kosovo, en 2014, en 2020 o tras el juicio final, no importa la fecha. Y de ahí que el viejo lobo tenga bien amarrados a sus hijos al palo de la nave para evitar que sucumban a los cantos de las sirenas españolas.
El periplo del Sr. Duran durante estos meses recuerda mucho al de su antecesor el Sr. Roca –quién por cierto ha salido de su bufete con gallardía para prestarle su apoyo franco al inicio de esta campaña- en los años noventa. Y es que un afiliado a CiU no puede sentirse español, ni siquiera tener veleidades españolistas. Es una lástima, porque buena parte de los problemas de España desaparecerían, si personas como el Sr. Duran y el Sr. Roca tuvieran el valor de defender sus posiciones hasta el final, enfrentándose al Honorable y a su vasta prole. Pero una vez más hemos visto como, llegado el momento de la verdad, el Sr. Duran se encoge, recoge cabizbajo sus pertenencias y se dispone a hacer las maletas para partir al destierro dorado en la Carrera de San Jerónimo donde, batiéndose el cobre en desigual combate con los bárbaros españoles, redimen sus faltas los líderes nacionalistas aquejados de veleidades españolistas.

Al bueno de Durán lo que le pasa es que es "no manda"
Me ha gustado el artículo del Sr. Clemente Polo.
Ello no es óbice, para creer que el problema, tanto de Roca en su momento como de Durán ahora, es que estos señores no ostentaban el poder, "no mandan"... y es que una cosa es ocupar un puesto y otra, bien distinta, es ejercer el poder en una formación política. En CiU manda el que manda.
Salud, Sr. Clemente.