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Uribe admite que el bombardeo contra las FARC en Ecuador no era lo ideal
"El ideal no es hacer esos operativos, lo ideal es la cooperación, de acuerdo con el derecho internacional, para combatir a los terroristas", dijo Uribe al referirse, durante un consejo de evaluación gubernamental, a la acción del 1 de marzo de 2008 que desató la ruptura de relaciones de Ecuador con Colombia.
"A nosotros no nos gusta hacer eso (atacar a rebeldes en el exterior)", señaló.
En la operación murieron el portavoz internacional y segundo al mando de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), "Raúl Reyes", y otras 25 personas, entre rebeldes y civiles.
El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, consideró la acción como una agresión y dos días más tarde rompió relaciones con Colombia, país con el que avanza en la normalización de los nexos bilaterales.
Uribe ha explicado que el ataque se llevó a cabo "por estado de necesidad, para enfrentar a un terrorista que nos asesinaba a nuestros compatriotas, nunca para ofender al pueblo hermano".
El Presidente colombiano pidió de nuevo disculpas a Ecuador y alegó que la operación permitió cortar un circuito que permitía a las FARC mantener cautiva a la ex candidata presidencial Íngrid Betancourt, secuestrada en febrero de 2002 y rescatada en julio de 2008.
Con la operación contra "Raúl Reyes" se logró salvar vidas y desmantelar el circuito de comunicaciones que facilitó la posterior liberación de Betancourt.
La ahora ex rehén fue rescatada en una misión militar encubierta junto a otros catorce secuestrados, entre ellos tres estadounidenses.
Uribe recordó estos hechos dos días después de que presentara ante la Organización de Estados Americanos en Washington pruebas de la presencia de rebeldes de las FARC y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en zonas de la frontera de Venezuela con su país.
En respuesta, su colega venezolano, Hugo Chávez, rompió el mismo día relaciones con Colombia.
En una alusión tácita, Uribe advirtió de que los terroristas regresan a su país para hacer daño y luego traspasan la frontera.
“Bono me provoca un desasosiego que roza con el miedo a su enorme poder”
Es un empresario de éxito muy reacio a confesarse en los medios de comunicación. Desde hace dos décadas se le acusa de ser el testaferro de José Bono. En esta entrevista en exclusiva para LA GACETA deja claro que no lo es y que vivir a la sombra de este barón socialista no es nada fácil. Asegura que desde la Administración castellanomanchega, con Bono en la presidencia, se le ha dado un trato nada favorable; antes bien, se ha actuado en contra de sus legítimos intereses, haciéndole perder dinero. Lo que sí reconoce es que una de sus empresas favoreció a la ya ex mujer del presidente del Congreso, Ana Rodríguez Mosquera, al venderle un local en Albacete, para una sede de Tous.
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El precio de la independencia
Decíamos ayer que es discutible que los nacionalistas pretendan, de verdad, la independencia. Entre otras razones, porque Cataluña, por ejemplo, no iría a ninguna parte desgajada del resto de España. Y no hablamos de principios, sino de números. No sería el paraíso económico que los nacionalistas utilizan para apuntalar la propaganda separatista. Según se desprende de un estudio realizado por el economista Mikel Buesa, esa región tendría mucho que perder. El estudio, elaborado por el mismo autor de Los costes de la ‘No-España’ en el País Vasco, (2003) que obtuvo gran repercusión, es concluyente al respecto. Si Cataluña se independizase se empobrecería notablemente, tendría que vivir durante varios años fuera de la Unión Europea y la zona euro, y sufriría una fuga de capitales, empresas y cerebros.
La independencia le costaría a Cataluña un verdadero descalabro en términos de generación de riqueza y PIB per cápita. De ser una de las regiones más ricas de España y de disfrutar los catalanes de una de las rentas por habitante más altas, pasaría a niveles próximos a los de Ceuta. Las razones de semejante batacazo, según el autor, habría que buscarlas en la salida de la unión aduanera y el mercado común europeos, en la necesidad que tendría Cataluña de dotarse de una nueva moneda y en los efectos nocivos que, sobre la industria catalana, tendría la separación de su mercado principal, que hoy por hoy es el español.
No existe posibilidad de que Cataluña permaneciera en la UE, al menos durante los primeros años. Tendría que salir primero y luego iniciar las negociaciones de entrada. Para que vuelva a ser aceptada en el seno de la UE es necesario que los 27 miembros estén de acuerdo. Para reincorporarse a la moneda única habría de esperar en torno a 10 años, y eso si hace los deberes y su economía doméstica está saneada. Demasiado tiempo para una economía sumida en un coma profundo del que se derivarían incalculables consecuencias políticas.
Cataluña se convertiría en el Estado más deficitario del mundo. Las exportaciones, fuertemente erosionadas por la tarifa exterior común que tendrían que enfrentar fuera de la UE, no podrían compensar las importaciones, lo que se traduciría en una insostenible balanza de pagos. Y eso por no hablar de imponderables tales como deslocalizaciones empresariales, fuga de cerebros o pérdida de parte de la población que, aparte de catalana, se siente española y es presumible que quiera seguir viviendo en su propio país, y no como una minoría marginada en una nación extranjera. Muchas empresas catalanas se encontrarían ante una difícil disyuntiva. Las principales corporaciones del Principado tienen su mercado primario en el resto de España, por lo que tendrían que trasladar su sede a una ciudad española o exponerse a la más que probable hostilidad por parte de los consumidores y asumir por anticipado la bancarrota. El desastre llegaría en un momento delicado para la autonomía catalana, una de las más endeudadas de España y con la economía regional en caída libre desde hace dos años.
La independencia llegaría cargada de veneno, problemas sociales y ruina del tejido productivo. Y encima, no sería popular (el 75% de los catalanes, y por lo tanto de los votantes, se sienten españoles). Lo saben perfectamente CiU, ERC y por supuesto el PSC, de suerte que los órdagos que lanzan sobre la Moncloa no son otra cosa que variaciones de la vieja técnica del sablazo.
La independencia de Cataluña arruinaría a los propios catalanes
El proceso de ingeniería social hacía el soberanismo al que aboca buena parte de la clase política catalana, ha derivado en un auge independentista que, de materializarse, resultaría ruinoso para los propios catalanes. Una hipotética secesión implicaría la salida inmediata del Euro, la creación de su propia moneda, Banco Central y organismos varios, además de la asunción de competencias varias que hoy corren a cargo del Estado. El catedrático de Economía de la Universidad Complutense Mikel Buesa, cífra su coste en una caída de entre el 23 y el 50% de su Producto Interior Bruto, unos 50.800 millones de euros. En términos per cápita, los catalanes pasarían de los 29.500 euros actuales a 22.500. Obviamente, del déficit exterior se dispararía (aproximadamente, hasta los 25.700 millones de euros). Comerciar con España. el 50% del mercado catalán, y la Unión Europea, el 30%, implicaría el pago de aranceles; esto es, deslocalizaciones inmediatas.
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Zapatero, Fernando VII y el libro de Historia
Seis años después de su llegada a La Moncloa, en trágicas circunstancias, el presidente estaba muy preocupado. Recordando sus estudios de una Historia de España no devaluada por las leyes educativas socialistas, no podía quitarse de la cabeza a quien le antecedió al frente del poder ejecutivo de España doscientos años antes. Un nefasto personaje que –recibido como El Deseado por los españoles que ignoraban su cobarde sumisión a Napoleón– traicionó y decepcionó a unos y otros para acabar alcanzando el final más indigno de un gobernante: quedar mal en el libro de Historia.
La verdad es que Fernando VII se lo ganó a pulso. Tras regalar –en collera con su padre– la Corona de España a Napoleón, al que llegó a felicitar por sus victorias contra los españoles, volvió a España para abolir la Constitución de 1812 y la obra legislativa de las Cortes de Cádiz. Tras afirmar en 1820 “Marchemos juntos, y yo el primero, por la senda constitucional”, recibió en 1823 al duque de Angulema, jefe militar de los 100.000 Hijos de San Luis que restauraron el absolutismo, con las palabras: “¡Que gran servicio me habéis prestado, primo!”. En su reinado se perdieron las posesiones españolas en la América continental y, para rematar la faena, a su muerte se inició una terrible guerra civil, la primera Guerra Carlista.
Esta conducta mereció juicios tan severos como los de Fernando Díaz-Plaja para quien “Fernando VII no tuvo más objetivo que el de sobrevivir y reinar como fuere”.
Vaya por delante que no considero que sea justo hacer un exacto paralelismo entre El Deseado y Zapatero, salvo en lo referente a que éste tiene todas las papeletas para quedar mal en el libro de Historia y convertirse así en el Fernando VII del siglo XXI. No es Zapatero un mero oportunista al que sólo interesa alcanzar y conservar el poder, sino, más bien, un impulsor mesiánico de una ideología radical-socialista basada en la ingeniería social y en el revisionismo histórico. Por supuesto, que para mantenerse en el poder está dispuesto a pactar con quien sea, sin importarle su deslealtad a la Constitución, a devaluar el concepto de Nación, a desdecirse de su política social –solemnemente proclamada– y, lo que es aún más grave, a comprometer seriamente para el futuro el modelo de Estado y los grandes consensos alcanzados por los españoles en la Transición y que culminaron en nuestra Constitución de 1978.
No le ha importado fomentar la división entre los españoles sobre todo tipo de cuestiones decisivas para la convivencia nacional: el modelo de Estado, la memoria histórica, el uso de las lenguas oficiales, la política exterior, la libertad religiosa, la educación, el derecho a la vida, el sectarismo excluyente con la oposición e, incluso, asuntos en principio técnicos como los trasvases de agua y la energía nuclear. Y en esto si nos recuerda a Fernando VII en cuyo reinado surgieron los gérmenes de divisiones sociales y guerras civiles que ensombrecieron la vida de tantos españoles.
Ahora Zapatero apela a pensar primero en España. Algo que no hizo, aparentemente, al hablar de la Nación como concepto discutido y discutible, al aceptar de antemano cualquier Estatuto que viniese de Cataluña (sin considerar que podría no ser conforme con la Constitución), al intentar una negociación política con ETA, felizmente fracasada, y al dañar seriamente el prestigio internacional de España y de sus Fuerzas Armadas con la ignominiosa retirada de Irak sin esperar, como había prometido en su programa electoral, a una nueva resolución de la ONU. Tampoco pensó primero en España al negar la crisis económica en el año 2008 y no adoptar las medidas adecuadas; o al promover una política internacional que nos ha convertido en el amigo europeo de todo caudillo populista iberoamericano que aspira a perpetuarse en el poder, al tiempo que no criticamos con la energía necesaria los atentados a los derechos humanos que se producen en Irán, Cuba o Venezuela. Se ha perdido en pocos años un prestigio internacional que costó décadas alcanzar.
Bien es verdad que en las relaciones exteriores siempre es mejor la grotesca sumisión ante el poderoso –“No es una cuestión de lo que Obama puede hacer por nosotros, sino de lo que nosotros podemos por Obama”– que la abyecta traición de quien, como Fernando VII, escribió a Napoleón: “Doy muy sinceramente… la enhorabuena de la satisfacción de ver instalado a su querido hermano José en el trono de España”.
En todo caso, y si no cambian mucho las cosas, Zapatero tiene ya, como Fernando VII, un lugar reservado en el libro de Historia de España como uno de los gobernantes que más dividieron y perjudicaron a sus conciudadanos y que éstos no merecieron.
*Luis Peral es senador por la Comunidad de Madrid.
Zapatero dilapida en siete meses 360 millones en subvenciones ‘ideológicas’
El Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero ha desembolsado en lo que va de año sólo en subvenciones prescindibles, aunque –eso sí– de marcado carácter ideológico, 360 millones de euros. Todas ellas guardan un denominador común: contentar a colectivos teóricamente afines y garantizar así futuros apoyos para evitar una debacle electoral. Aquí se aglutinan sindicatos, fundaciones y editoriales afines, grupos de presión, colectivos homosexuales y feministas, asociaciones pro Memoria Histórica, organizaciones no gubernamentales con actuación en Cuba, abortistas, cineastas titiriteros...
Pese a que el jefe del Ejecutivo ha repetido por activa y por pasiva que la aplicación de recortes en este tipo de partidas presupuestarias no iba a suponer un alivio reseñable para las cuentas de la Administración, LA GACETA ha realizado un compendio de esas ayudas que las maltrechas arcas estatales se podrían haber ahorrado. La suma de todas ellas no es, en absoluto, insignificante. Máxime cuando el actual Gobierno ha pasado a la historia de la política española en este semestre como el ejecutor del mayor recorte de derechos sociales desde la Transición.
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El Real Madrid disputará ante el Bayern un amistoso
A partir del 7 de agosto, el conjunto de José Mourinho retornará a sus entrenamientos en la capital de España antes de disputar frente al Bayern de Múnich el 13 de agosto un amistoso en homenaje al presidente de honor del club germano, Franz Beckenbauer, según informó el Real Madrid a través de su página web.
El Real Madrid continuará su pretemporada en Europa disputando un nuevo amistoso en Bélgica ante el Standard de Lieja el 17 de agosto y dos encuentros en España, el primero ante el Hércules en Alicante y el segundo en su estadio en el Trofeo Santiago Bernabéu.
¿Dispone Blanco de un plan B para controlar a los controladores?
Tras el chantaje de los conductores del metro de Madrid, los ciudadanos nos topamos una vez más con los controladores aéreos. Esa exigua casta, formada por poco más de dos mil profesionales y que disfruta de un salario anual de entre 300.000 y 700.000 euros, se ha dispuesto a amargarnos el verano. Echan un pulso a Fomento y AENA por la conservación de sus privilegios, pero hacen la puñeta a sus conciudadanos. Además pueden sacar pecho porque forman parte de esa élite laboral que controla los sectores más estratégicos de un país: los medios de transporte. Pero ¿quién controla a los controladores? ¿Tiene medios y cobertura legal el ministro José Blanco para detener la huelga de celo que mantienen desde hace meses? ¿Tiene un plan B desde que se inició el conflicto hace un año? Sí, hace un año.
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Aficionados del Mallorca convocan una manifestación por la exclusión de la 'Europa League'
La marcha, que se ha organizado a través de diferentes redes sociales de internet bajo el lema "Basta ja! dimarts 27 movilització mallorquinista" (Basta ya, martes 27 movilización mallorquinista) ha sido convocada para las 18 horas ante la fachada de la federación de fútbol balear.
De momento son casi 3.000 los aficionados que se han sumado a la iniciativa aunque los organizadores prevén un mayor número de asistentes el próximo martes. Representantes de peñas mallorquinistas y de otros equipos de la región ya han mostrado su apoyo a esta movilización.
Menos coñas, Caperucita
No tengo la menor intención de cansarles con citas aparentemente cultas o pedagógicamente históricas. Sólo quiero recordar que Antonio Maura (uno de los pocos políticos españoles cuya biografía se reconoce con un “don” inicial) afirmó en alguna ocasión en el Congreso de los Diputados que “en política lo que no se recobran nunca son las oportunidades”. Y eso que fue cinco veces presidente del Gobierno, soportó con entereza y no muy buena mano, la Guerra de Marruecos, tuvo que reprimir revueltas durísimas y al fin, si hay que hacer caso a su hijo Miguel, hubiera servido a la República en caso de no haberse muerto antes de 1931. Maura, desde luego, sabía bastante de oportunidades y de méritos; tantos acumulaba que de ser, en principio, un deplorable hablador del castellano cuando llegó a Madrid para estudiar más Ciencias que Derecho, terminó por convertirse en uno de los mejores, si no el mejor, orador de su tiempo.
De haber existido ahora, Maura estaría escudriñando, con certeza, las oportunidades que tiene el Partido Popular, un trasunto, más o menos, del suyo, de derrotar a Zapatero dentro de un par de años. Si ganara, Rajoy hubiera aprovechado su tercera oportunidad ante un individuo al que considera, con todas las luces de la razón, que es un perfecto indocumentado. Pero no está tan claro, porque no es seguro –más bien, lo contrario– que este personaje, Zapatero, que es el crisol más repugnante de todas las falacias posibles, vuelva a presentarse. Se lo contábamos en exclusiva hace días en LA GACETA: la inestabilidad familiar no le induce precisamente a seguir ocupándose (es un decir) de asuntos públicos, y, a mayor abundamiento, porque, es aún más discutible que los auténticos dueños del poder europeo sigan soportando sus destrozos, destrozos que, al fin, se resisten a pagar ellos. En suma, que Rajoy se puede encontrar sin su tercera oportunidad ante Zapatero.
El perfil bajoPero, claro está, en caso de que gozara de ella, lo cual es absolutamente deseable. ¿La está aprovechando?, ¿está haciéndolo de tal forma que tal oportunidad se convierta en un triunfo? Aquí comienza el debate. Su último paso por el pastoso e inútil Debate sobre el Estado de la Nación, el trance que se inventó Peces-Barba para equipararlo al discurso anual del presidente norteamericano, se ha saldado, por primera vez según las encuestas fiables (la del CIS es un apaño miserable), con una victoria por los pelos del líder popular. Es curioso: por utilizar un léxico futbolístico tan querido en estos días en España, a Rajoy lo que le sobró fue la prórroga, justo lo contrario que a la Selección del gran hombre tranquilo de España: Vicente del Bosque. En la sesión regular, batió en todos los órdenes a ese Zapatero mentiroso, contradictorio, agónico, que repetía sin parar monsergas en las que nunca había creído. En la prórroga, Zapatero se convirtió en un De Jong cualquiera o en un Van Bommel de prisión de alta seguridad; sacó la navaja de la faldriquera y Rajoy se arrugó. Ese mismo día, un político muy cercano al presidente del PP me confesaba: “Rajoy no quiso meterse en ese terreno; nosotros no somos de ésos”.
O sea, es algo así como la enésima apuesta por el perfil bajo que tanto cuesta (al parecer seiscientos mil euros anuales) al Partido Popular. El low profit (dicho en inglés, los sociólogos le sacan aún más partido) que consiste sólo en esto: en la vagancia de sus propaladores que, de esta forma, no se tienen nada que inventar, que así trabajan mucho menos, que, con ese diseño, apenas se ven en la tesitura de encontrar respuestas para las invectivas del contrario. Los aludidos, nada zoquetes, tienen contestación para todo y dicen: “Hasta para estar callados hay que ser inteligentes, ¿o es que queréis que nos vayamos de la lengua?, ¿o es que queréis que hagamos promesas sin cuento para que al día siguiente de llegar a La Moncloa, no las podamos cumplir?”. Ése es su razonamiento. Y para ello, hay una réplica precisa: ¿se está dando cuenta el PP de qué resistencias está creando en su electorado la tibia actitud que está adoptando en asuntos como el del aborto? Y más aún. ¿Se sabe a ciencia cierta cuál es la posición del partido respecto a las consecuencias de la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña? ¿O les hablamos de Bono?
Ganar sin hacer nadaLos hay que no tienen duda: el PP está en un error, no remata sus ataques y, encima, está dejando que el rival se recupere. Quedan dos años por delante y sólo hay la constancia cierta de que Zapatero no tiene la menor intención de convocar elecciones anticipadas. A uno de estos especialistas electorales le preguntaba reiteradamente esta pasada semana: “¿Y todavía puede perder el PP?”. Sin dudarlo un solo momento, respondió: “El PSOE lo tiene francamente mal, pero el PP aún no ha ganado las elecciones; es más, si sigue así, el PP puede dejarse el triunfo en el camino”. Una actitud prudente por parte de la dirección popular sería, al menos, reflexionar sobre estos pronósticos. Pero, al parecer, la doctrina oficial es que una nueva derrota está descartada de antemano. Lo peor que he escuchado hace tiempo es la ufana postura de un directo colaborador de Mariano Rajoy: “Hay que dejarlos que se cuezan en su propia salsa; van a perder, todo está sentenciado”. Tengo que suponer que cuando Rajoy oiga también una tal estupidez enviará (si todavía no lo ha hecho) a su voluntarioso asesor a hacer puñetas, ¡para qué andarse con más complicaciones! Existen otro tipo de consejeros áulicos (especie de personajes que siempre presumen de trabajar por amor, pero que al final siempre terminan cobrando) que empeoran incluso las apreciaciones de los técnicos profesionales y proclaman con un bigote que ni se les mueve: “¿Para qué vamos a trabajar si es indudable que vamos a vencer?”.
Hagámosle menos caso a estos estrafalarios bucaneros del pacifismo del jefe y vayamos directamente a lo que importa. Va ya para dos años que apareció por Madrid un reputado consultor que traía alguna bibliografía presentada como fautor de los grandes momentos de Obama y que, en consecuencia, se presentaba (o era presentado por mejor decir)como un gurú indubitable de “todo lo que hay que hacer para llevarse el triunfo”. Aseguraba el hombre, hombrecillo, cosas que, de entrada, y para los recién llegados, resultaban necesariamente atractivas. Decía por ejemplo: “Hay que poner a la sociedad en permanente estado de paranoia”. El interlocutor que me contaba el episodio parecía dispuesto, a continuación, a escribir un tratado de expectativas políticas sobre una sola frase. ¿Paranoia? ¿qué es la paranoia? El intérprete me definía así la definición del conspicuo avistador de victorias: demostrar a la sociedad electoral que “nosotros nunca nos vamos a confiar”, que “nosotros siempre estaremos alerta” y que “nosotros siempre estaremos atentos a los retos”. La conversación prácticamente acabó cuando, con la humildad franciscana que me caracteriza, pregunté: “¿Y por decir eso, ¿cuánto cobráis?”.
La suerte, cuestión de talentoO sea, que menos coñas, Caperucita. Aquí de lo que se trata es de saber qué tiene que hacer Rajoy para ganar ya, antes que esto, como dice el poema clásico que casi nadie conoce: “Esto se derrumba, Tony, pronto dejarás la pista, que la gente ya no ríe como antaño se reía...”, no se sostiene en pie con un personaje de opereta bufa como Zapatero, al que Rajoy tiene que oponerle, al menos, tres finales consideraciones: una, es su oportunidad, porque para España es imprescindible que gane; dos, tiene que ser el artífice, no puede ser de otra forma, de una derecha decente; tres, al tancredo no le mata el cuerno del toro, le asesina el aburrimiento de los espectadores. Al final la suerte no es que te las vengan dadas; es cuestión de talento. Creo que lo escribió Benavente.
